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De Macarrulla a Johnson y Abinader 

Por: Redacción Digital

Por Juan Manuel García 

Si el mundo no está loco, ¿es porque se empeña que esa sea su naturaleza?

Un somero recorrido por el mundo, partiendo de la República Dominicana, y corriendo las cortinas, el observador logra colocarse ante acontecimientos expuestos en los medios de comunicación manejados por empresas y activistas, y llegar a la conclusión de que pocas veces los protagonistas humanos reflejan tantas contrariedades que ponen en evidencia las debilidades del género.

Lisandro Macarrulla ostenta el mayor cargo político, sin ser político, en la estructura del Poder Ejecutivo. Su escritorio se aloja en el mismo Palacio Nacional, separado del escritorio del presidente Luis Abinader sólo por una puerta que se traspasa sin autorización en cualquier momento. Macarulla figura clave en el mundo empresarial privado y su grupo familiar están incluidos como acusados en un magnífico expediente que ha sido presentado ante la Justicia dominicana.

El hombre, magullado por el público durante más de dos años, ha pedido licencia para ausentarse del cargo en nombre de la ley a la que se acogió bajo juramento en la administración pública. No es la primera vez que se le envuelve en circunstancias similares.

Está reciente el no desenredado expediente de la venta del puerto de Santo Domingo con todo su entorno turístico a la familia tradicionalmente rica de apellido Vicini. Pidió licencia, pero el presidente Abinader no ha dado la cara para decir que se la ha otorgado en su calidad de jefe inmediato del funcionario acosado.

En Londres, Inglaterra, Boris Johnson primer ministro, líder de la derecha, dimitió en la misma fecha, como líder conservador, tras ser abandonado por más de 60 empleados de su tren administrativo y político, y ser reclamado a gritos por la opinión pública de la nación, ante un cúmulo de acciones inciviles, pero seguirá en el poder hasta que se nombre a su sucesor. Esto ocurre en Inglaterra, nación que se vende como imperio solemne de los lores y las meticulosidades imperiales, siempre cubierta por las faldas de una Reina anquilosada en el origen de los tiempos.

La ventana permite que el mundo se estrelle con el acontecimiento más absurdo de los últimos tiempos: la guerra entre dos de las principales potencias del mundo, Estados Unidos y toda Europa a la cola, que toman una nación inverosímil, Ucrania, ya definida su autenticidad por la historia, y a Rusia, como causa, para mantener la humanidad sumida en necesidades materiales, resumidas en urgentes y masivas migraciones en todo los continentes, y el hambre creciente, y asediada por los miedos al holocausto nuclear de eventuales consecuencias impredecibles.

Todo eso llevado ante la burocracia hipócrita e inútil de las Naciones Unidos que aparenta darse golpes de pecho, incapaz de castigar el crimen universal derivado de la creación de virus desconocidos en laboratorios biológicos fácilmente identificables.

Amy Goodman, una acuciosa analista de los medios electrónicos, desde Democracy Now, medio que se define como independiente y global, desde Estados Unidos, enfila sus juicios sobre los sobresaltos del día:

Partiendo de la crisis y renuncias generadas por las inconductas escandalosas de Boris Johnson, líder del partido conservador inglés, se llega a Illinois,  en donde un fiscal investiga la masacre en que un desquiciado al estilo norteamericano de hoy, acribilló y mató no menos de ocho personas, hiriendo a decenas, como parte del más reciente espectáculo de celebración del Día de la Libertad en Estados Unidos, espectáculo que a nivel nacional costó en acontecimientos trágicos similares no menos de doscientos muertos en un fin de semana, por el mismo estilo, en toda la nación que legitima en su Constitución el uso de armas mortales, en manos indiscriminadas de cualquier ciudadano, convirtiéndola en la meca de los crímenes masivos.

Mientras, ahí mismo, la población corre en estampidas dispersas al escuchar cualquier leve detonación de inofensivos cohetes navideños chinos y fuegos artificiales, y también se lanza a las calles protestando porque oficial y judicialmente se impide el aborto a las mujeres por cualquier causa para proteger vidas. Lo decidió la Corte Suprema, hoy plagada de un ambiente de contradicciones éticas e intereses espurios.

La Casa Blanca, desde Washington, luce entretenida con el presidente Biden y la  vicepresidenta Harris, en obligar a Moscú a entregarle una ciudadana (o ciudadano/a) que fue sorprendido/a y atrapado/a violando las leyes antidrogas ilegales de Rusia, poseer en su bulto aceite de cannabis, por lo que tendría que pagar penas de diez años de prisión. La esposa/o Sherelle Griner, de esta muchacha/o Brittany Griner, ha salido a exigir también que se la liberen.

Estados Unidos discute con Irán la renovación de un acuerdo nuclear que los mismos Estados Unidos presididos por Donald Trump rompieron. Mientras Irán se entretiene en anunciar avances y conocimientos nucleares desconocidos nuevos y negocia con todo el mundo indeseado por los norteamericanos a quienes acusa de no garantizar nada, incluido el régimen a su juicio, paria de Nicolás Maduro, de Venezuela.

Norteamérica está, internamente entretenida también en un juicio informal (¿?) que llaman eufemísticamente “comité selecto de la Cámara” convertido en espectáculo mediático electoral para emborronar el lamentable escenario reciente del 6 de enero, cuando la gleba norteamericana asaltó el Capitolio, en Washington, comandada por el mismo presidente del país, Trump, buscando evitar con trampas y presión su derrota electoral.

Y así. Si el mundo no está loco ¿es porque esa es su naturaleza?

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